En un agujero en el suelo vivía un Hobbit. Está bien como inicio, es distendido, chispeante y sorprendente a partes iguales. Pero claro, ya sabemos que es un Hobbit y ya lo hemos visto en pantalla. Por eso, no se puede empezar así. Grave error.
Parece que las cosas hay que dejarlas muy claritas al espectador. Para ellos empezar la película tres veces es algo habitual, si hace nueve años vimos acabar una película cinco veces, ¿Para que vamos a renunciar a las tradiciones?. En esta ocasión nos deleitan con una secuencia flashback que nos pone en situación con la aventura de los enanos en boca de Bilbo Bolsón. Tras ello vemos a un excesivamente maquillado y no menos creíble Frodo que sirve como nexo con la otras películas (algo que digan lo que digan es innecesario). Por tanto, si nos hubiéramos dejado de monsergas y hubiésemos empezado con "En un agujero en el suelo vivía un Hobbit", el mundo sería un poco mejor. Y es que en los minutos siguientes vemos un ejemplo de la destreza con la que Peter Jackson maneja esos momentos cotidianos cargados de jovialidad y que guardan en la manga una aventura. Y el Hobbit es eso, una aventura, no tres, y por eso al margen de las secuencias de acción bien elaboradas (me gustaría mencionar que el director de segunda unidad es Andy Serkis), la cinta está desestructurada, se convierte en una sucesión de momentos yuxtapuestos a los que le falta una forma, no hay ningún giro de guión destacable, el único recurso que vemos en ese aspecto es la idea de persecución que emprende Azog, pero incluso eso queda descolgado dentro de la trama principal. No hay estructura y si no hay estructura, no hay película.
El segundo gran problema que la duración de la entrega, tres horas que apenas se soportan si lo que buscas es que te sorprendan gratamente. Y es que esa es la clave, me senté en la butaca pensando, Peter, sorpréndeme. Lamentablemente parece que los criterios mercantilistas tienen más peso. La diferencia entre lo mercantilista y lo meramente comercial es que una película comercial me vendería la historia, la haría atractiva, llegaría al espectador de una forma u otra. Hablo de mercantilismo cuando es la estética de la película lo que se vende, lo ajeno a la narración, lo que me mantiene con el culo en la butaca. Aquí se incide exageradamente en una forma de hacer cine que resultó eficaz y que ahora se repite y viste una historia sin ninguna orientación. La base está ahí y la saga no naufraga porque el material no lo permite. Era fácil contentar a todos aquellos enamorados de la belleza de las imágenes, de los paisajes espectaculares y de la dimensión digital de una historia que ni es historia ni funciona como narración independiente. Sencillamente es narrativamente ineficaz.
